Parte de la inquietud mental y espiritual que tuve cuando me expuse a ambos contenidos fue porque volví a leer el pasaje que el Señor me dio en diciembre del 2008, cuando inicié un esfuerzo de intercesión en Granada, España. El pasaje está en Isaías 45:1-3 (VRV1960), que dice así:
«Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán: Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos; y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados, para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel, que te pongo nombre.«
Mis ojos se clavaron en la frase «Así dice Jehová a su ungido, a Ciro«. Porque si bien es cierto, ese pasaje fue una promesa que el Señor me dio, y que por cierto, es la base del nombre de este Blog: «Tesoros y Secretos», no es menos cierto que originalmente fue una promesa dada al rey persa Ciro.
Y como podemos ver, Ciro fue anunciado misteriosamente por el profeta Isaías (740-695 a.C.) como un “ungido” (Mashiaj/ Cristo), y así fue visto también por los judíos, “para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes” (Is. 45:2).
Luego, en el libro de Daniel se hace una clara distinción entre Ciro y el Ungido que habría de venir, con poder y gloria (Dn. 10:5-9), pero revelado en pincipio como el “Siervo sufriente” de Isaías (Is. 53) y el Hijo de hombre de Daniel (Dn. 10:10-20).
Pero, ¿por qué Ciro fue tan importante dentro de la profecía y escritos judíos antinguos? Porque fue él quien emitió un Edicto que autorizó la reconstrucción del Templo de Jerusalén, poco después que este rey persa conquistara a Babilonia. Y aunque el decreto se hizo en el 539-538 a.C., la implementación práctica y el regreso de los judíos a Jerusalén para iniciar la reconstrucción del templo y la ciudad se sitúa comúnmente en el año 537 a.C.
Otras referencias sobre el Edicto las encontrará en Esdras 1:2-4, y 2Crónicas 36:22-23.
Y en el tercer año del reinado de Ciro, Daniel tuvo una visión celestial (Dn. 10:1), que a todas luces indica que fue, en principio, con el Mashiaj o Cristo glorificado (Dn. 10:4-9); pero la presencia de aquel ser era tan fuerte que el profeta se desmayó y cayó sin fuerzas. Luego, apareció “uno con semejanza de Hijo del hombre” (Dan. 10:10-20) y fue Él quien le animó y restauró sus fuerzas, para luego revelarle eventos de “los postreros días” (10:14).
Así que, indirectamente en el libro de Daniel se resuelve el misterio del Ciro el grande como un mashiaj (ungido); y se nos hace ver que, el rey persa fue ungido y asignado para una asignación específica; pero que, el reino del Mashiaj, el Hijo del hombre, tan esperado todavía no se había manifiestado y estaba por venir.